¿Cuál es la magia del cine que tienen en común películas como Solo en casa; Cariño, he encogido a los niños o La tienda de los horrores?
No lo sé, pero lo cierto es que estoy poniéndole a mi hijo estas películas —ya sabéis, rollo navideño y clásico—, y lo que me sorprende es cómo se queda completamente enganchado viéndolas. No sólo disfruta, sino que parece quedar atrapado por algo que va más allá de la trama. Estas películas, pese a los años que tienen, logran captar su atención de una forma mágica que rara vez consiguen las producciones actuales. ¿A qué me refiero exactamente?
A esa sensación de estar viendo algo que no necesita los efectos especiales más sofisticados ni una sobrecarga de estímulos, sino que simplemente sabe contar una historia de manera cercana, emotiva y divertida.
Hoy en día, muchas películas infantiles están tan llenas de acción y efectos visuales que apenas dejan espacio para esos momentos únicos donde los personajes realmente conectan con los espectadores. En cambio, los clásicos de los que hablo tienen una mezcla perfecta de humor, corazón y creatividad que parece atrapar a los niños incluso hoy, en plena era digital. Esto me hace preguntarme: ¿qué es esa magia que algunas historias, ya sea en películas o en libros, parecen poseer? Quizás es esa capacidad para transportar al espectador —o al lector— a un mundo en el que las reglas cotidianas se suspenden y lo imposible se hace realidad, pero siempre de una forma creíble y emocionalmente cercana.
Esta reflexión la he extrapolado al mundo de los libros.
Me pregunto si hay historias que puedan provocar el mismo efecto mágico en los niños.
Un libro que, al leerlo, logre captar a mi hijo de manera espectacular, tal y como lo hacen estas películas. Porque, aunque hay muchísima literatura infantil maravillosa, no siempre es fácil encontrar historias que conecten con los niños actuales de la misma manera que esos clásicos del cine. Además, con tantos distractores tecnológicos, parece que la lectura tiene un reto aún mayor: competir con pantallas llenas de movimiento constante.
Volviendo al tema de los libros, creo que su potencial para crear esa conexión es enorme, pero también implica un mayor esfuerzo. Un buen libro necesita que el lector ponga de su parte para imaginar el mundo, los personajes y las emociones. Sin embargo, cuando un niño encuentra el libro adecuado, ese que logra abrirle las puertas a un universo extraordinario, el impacto puede ser incluso más profundo que el de una película.
¿Consideráis que existen libros con esa magia que poseen películas como Solo en casa?
Me encantaría descubrir alguna recomendación que cumpla con este objetivo. Tal vez, entre las estanterías de los clásicos infantiles o en nuevas joyas literarias, se esconde esa historia que conseguirá que mi hijo experimente algo tan especial como lo que siente cuando ve esas películas. Por ahora, sigo buscando ese libro perfecto, pero estoy segura de que debe estar por ahí, esperando ser descubierto.
Por cierto, si estáis interesados por mi libro Los últimos de la EGB, estaría más que encantado de recibir vuestra opinión.