Ante la verdad categórica: escribir es bueno para nuestra salud mental, incluso terapéutico. Yo opino que no siempre es así.

Escribir no siempre es bueno ni terapéutico

Escribir supone un ejercicio profundo de introspección mediante el cual nos adentramos en las partes más recónditas de nuestra mente. En este proceso, podemos toparnos con recuerdos, emociones o pensamientos que no estábamos preparados para afrontar. Esto impacta nuestra salud mental.

La escritura puede actuar como una llave que abre baúles cargados de experiencias dolorosas o traumáticas.

Esto, en lugar de aliviar, podría desencadenar nuevas enfermedades mentales o agravar problemas preexistentes, como la ansiedad o la depresión.

Por otro lado, el acto de escribir también puede convertirse en un espacio donde la ficción domine nuestras percepciones. Cuando nos involucramos demasiado en un mundo ficticio, corremos el riesgo de desconectarnos de la realidad que nos rodea. Este fenómeno, conocido como inmersión narrativa, puede llevar a que no aceptemos nuestra vida tal como es. En casos extremos, esta desconexión podría influir negativamente en nuestras relaciones sociales o en nuestra capacidad para enfrentar problemas cotidianos y dañar nuestra salud mental.

Además, debemos considerar el contenido de nuestras propias palabras. Si escribimos sobre temas que nos generan sufrimiento, como pérdidas personales, miedos profundos o heridas emocionales no cicatrizadas, el dolor puede amplificarse. En lugar de liberar esos sentimientos, escribirlos podría traerlos de nuevo al primer plano de nuestras emociones, reabriendo heridas que creíamos cerradas. Esto puede influir en nuestra salud mental.

Por supuesto, no podemos ignorar el valor innegable de la escritura como herramienta para el crecimiento personal.

En muchos casos, resulta sanador expresar lo que sentimos en un diario o dar forma a nuestras ideas en un relato. Sin embargo, la pregunta es: ¿cómo sabemos cuándo escribir nos hace bien y cuándo nos perjudica? ¿Hasta qué punto la escritura puede ser una terapia segura para nuestra salud mental?

En este contexto, surge otra cuestión interesante: la lectura. A menudo escuchamos que leer es beneficioso para nuestra mente, pues nos transporta a otros mundos, amplía nuestro vocabulario y nos hace más empáticos. Sin embargo, cabe preguntarse si, al igual que sucede con la escritura, también puede tener efectos negativos en ciertos casos. Por ejemplo, leer historias muy cargadas de tragedia o con temas demasiado oscuros podría afectar a quienes son más sensibles, llevándolos a revivir sus propios dolores o a verse atrapados en emociones negativas.

Entonces, ¿qué podemos concluir?

¿Es la escritura siempre buena para nuestra salud mental? ¿Y la lectura?

Quizás la clave está en el equilibrio: conocernos a nosotros mismos, identificar nuestras emociones y decidir, desde la prudencia, cuándo es seguro adentrarnos en esos mundos, ya sean creados con palabras o descubiertos en las páginas de un libro.

Os pregunto: ¿estáis de acuerdo con este planteamiento? ¿Os habéis encontrado alguna vez frente a la dificultad de escribir o leer algo que os afectó profundamente?

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