Hoy, como tantos otros días, he estado escribiendo en la novela en la que estoy trabajando. Soy un inútil cuando intento dar lo mejor de mí.
lo poco que he escrito me ha parecido una auténtica basura.
Pasé más de una hora golpeando las teclas sin obtener nada que valiera la pena. La frustración me consume. Mientras intentaba dar forma a las ideas que tengo, comencé a dudar de todo: la trama, los personajes, la estructura. No estoy seguro de nada. La historia que en algún momento me pareció prometedora ahora me parece una pesada carga que arrastro sin saber hacia dónde voy. He comenzado a replantearme los cimientos de la historia, a preguntarme si en realidad tiene algo de valor o si lo que estoy haciendo es solo un ejercicio inútil. Mi mente no deja de dar vueltas sobre si merece la pena seguir adelante. ¿Realmente tengo algo que contar? ¿Debería abandonar este proyecto y dedicarme a otra cosa?
Hoy me siento muy mediocre
Además, tengo en mente proyectos que sembré hace tiempo con mucha ilusión, pero no han germinado como esperaba. Cada paso que daba parecía acercarme a mi meta, pero al final me he dado cuenta de que esos planes no se han materializado como creía. Quizás eran solo sueños o ideas sin fundamento. En un intento de avanzar, me he embarcado en otros asuntos que pensaba realizar hoy, pero ni siquiera esos pequeños compromisos han salido bien. Cada cosa que intento parece estar condenada al fracaso. Y eso me hace sentir aún más incapaz, más mediocre. Soy un inútil cuando intento seguir adelante.
Hoy es uno de esos días en los que siento que no soy capaz de hacer nada bien.
Nada de lo que haga parece tener sentido. Me siento como un impostor, como si no tuviera ni el talento ni la capacidad para lograr algo importante. Hay días en los que miro a mi alrededor y siento que todo el mundo está avanzando mientras yo me quedo atrás, atrapado en mis propios miedos y dudas. La comparación con los demás es mi peor enemigo. La sensación de que otros son mejores que yo, más capaces, más creativos, más exitosos, me consume. A veces siento que no puedo hacer nada sin meter la pata, que todo lo que intento sale mal. Soy un inútil cuando me comparo con otros.
Sin embargo, esta sensación de mediocridad no es nueva. No es la primera vez que me siento así. He pasado por esto en otras ocasiones. Es como un ciclo que se repite una y otra vez, una sensación de que estoy atrapado en una espiral descendente que no tiene salida. Pero cuando esto me ocurre, sé que debo hacer algo para cambiar mi perspectiva, para no quedarme atrapado en esa sensación de fracaso.
Mi forma de lidiar con ello es hacer lo siguiente:
• Primero, me voy a Amazon y consulto las reseñas de mi novela Los últimos de la EGB. Leo lo que otros piensan sobre mi trabajo, sobre el libro que escribí con tanto esfuerzo. Aunque soy consciente de que las opiniones son subjetivas y que no todas las críticas son positivas, me ayuda ver que hay personas que lo han disfrutado, que han encontrado algo valioso en mi trabajo. Es un recordatorio de que, a pesar de mis dudas, algo de lo que hago tiene valor para otros. Aunque a veces creo que soy un inútil, las reseñas me demuestran lo contrario.
• En segundo lugar, me detengo a realizar un análisis de todo lo que he conseguido en mi vida hasta el momento. Me miro a mí mismo y trato de valorar lo que he logrado, no solo a nivel profesional, sino también en mi vida personal, familiar y social. A veces me olvido de lo que he alcanzado, pero cuando me tomo el tiempo de reflexionar sobre mis logros y sobre todo lo que he superado, me doy cuenta de que no todo ha sido en vano.
Después de considerar todo lo anterior, trato de convencerme de que esa sensación de mediocridad es solo eso: una sensación. No es la realidad. Me repito a mí mismo que tengo talento, aunque no sea el que me gustaría tener o el que quisiera. Pero lo tengo. Y me esfuerzo por recordar que, aunque no todo lo que hago es perfecto, cada intento, cada error, es parte del proceso. Me quedo unos minutos dándole vueltas a esa idea, buscando consuelo en la aceptación de que no todo tiene que ser perfecto para ser valioso.
Este proceso mental no siempre es fácil, ni rápido, ni infalible.
Tal vez sea criticable, tal vez no sea el mejor método, tal vez haya opciones más efectivas. Pero, en mi caso, funciona. Cuando me permito reflexionar de esta manera, cuando me tomo un momento para recordar mis logros y darme cuenta de que no soy un fracaso total, empiezo a sentirme mejor. Soy un inútil en algunos aspectos, pero reflexionar me ayuda. A veces, lo único que se necesita es un pequeño recordatorio de que no todo está perdido.
Si alguna vez pasáis por episodios de menosprecio personal, os sugiero que probéis este enfoque. A lo mejor no resuelve todos los problemas, pero puede ofrecer una perspectiva diferente. Tal vez os ayude, nunca se sabe…
Si queréis consultar otros publicaciones como esta no dudéis en acceder a mi blog.