Los nostálgicos o aquellos que vamos cumpliendo una edad, cuando deseamos recordar tiempos pasados, emociones de la niñez o la adolescencia, solemos recurrir a la literatura.
Un libro tiene el poder de transportarnos a un viaje en el tiempo, a una época anterior de nuestra vida de una manera tan íntima, satisfactoria y potente. Al abrir sus páginas, encontráramos un portal hacia recuerdos que creíamos olvidados, hacia sensaciones que, aunque difusas, permanecían latentes en algún rincón de nuestra memoria.
Con las películas y series, sin embargo, no conseguimos el mismo efecto. Una serie ambientada en los años 80, como Stranger Things, puede evocar algunos elementos de esa década, pero, al final, nos muestra recuerdos e imágenes construidos por los guionistas. Son escenas que han salido de sus cabezas, basadas en sus propias experiencias o simplemente en invenciones. Son suyas, no nuestras. Esto no significa que no podamos disfrutarlas, pero la conexión emocional que sentimos es más limitada, más externa. No resuenan de la misma manera que una historia literaria que nuestra imaginación transforma y adapta a nuestra vivencia personal, como un viaje en el tiempo.
Otra alternativa para explorar nuestra nostalgia podrían ser los videojuegos. Muchos de nosotros guardamos en la memoria tardes enteras frente a la pantalla jugando a títulos que marcaron nuestra infancia o adolescencia. Resident Evil 1 (el de la PlayStation 1), Tomb Raider 1, GoldenEye… eran auténticas joyas en su momento. Advertencia importante: si te animas a volver a jugar a esos videojuegos que tanto te emocionaron en los años 90, prepárate para una decepción. Te lo digo por experiencia. El impacto que tuvieron en nosotros en aquel entonces es irrepetible, y, además, muchos de ellos han envejecido terriblemente mal. Los gráficos, la jugabilidad, incluso las mecánicas que nos parecían innovadoras, ahora nos resultan torpes o limitadas. Si quieres conservarles cariño, lo mejor es dejarlos donde están: en el recuerdo, como un viaje en el tiempo que no desea ser alterado.
Un viaje en el tiempo a través de la páginas
La literatura, sin embargo, es un caso aparte. Cuando leemos, somos nosotros quienes creamos las imágenes en nuestra mente, utilizando nuestra propia experiencia de vida como referencia. Un libro tiene la capacidad de desencadenar emociones y recuerdos de una forma única porque las historias que leemos se fusionan con nuestros propios recuerdos, nuestras vivencias, nuestras imágenes de lo que fue nuestra niñez o adolescencia en los 80 o los 90. La imaginación trabaja como un puente entre el pasado y el presente, permitiéndonos revivir esos momentos desde una perspectiva personal y profundamente emocional, como un verdadero viaje en el tiempo que solo la literatura puede ofrecer.
¿Vosotros qué opináis? ¿Creéis que la literatura es el medio más eficaz para rememorar emociones, imágenes y sentimientos de antaño? ¿Es posible que un libro nos transporte a esos tiempos y nos permita revivirlos de manera más auténtica que una película o un videojuego, como un viaje en el tiempo?
Si tienes curiosidad por volver a ser una adolescente en los años 90 y te apetece embarcarte en un viaje literario a un pasado que no volverá, te invito a descubrir mi novela Los últimos de la EGB. Una historia que te hará revivir esos días mágicos de nuestra infancia y adolescencia, como un viaje en el tiempo.